jueves, 3 de febrero de 2011

La revolución del corazón

Como maizales que los mueve el viento,
Como gotas de lluvia que se apresuran hacia el suelo,
Encontrémonos en el mismo ritmo y en el mismo tiempo.
Derribemos a los gigantes de cartón,
A los tiranos disfrazados de prejuicios,
Fundámonos en una voz y un sentir.


Nombrémonos héroes y no víctimas,
Cambiemos las balas por los versos,
Insultémonos con los besos.


Nunca más, una tierra de ignominia,
Nunca más, un lugar de olvidados,
Nunca más, la ira sea nuestro idioma.


Desafiando a la tristeza y a su precipicio,
Con nuestros brazos, alcemos puentes,
Que la historia sea lienzo y no destino.


Y así, en la penumbra más densa,
En el desierto más árido,
Y en el vacío más contundente,
Encendamos con fósforos la esperanza,
Tomemos las calles con nuestra luz,
Sea nuestra furia hecha canto,
Agarremos de la mano al extraño,
Y hagámoslo nuestro hermano.
Atrapemos al futuro,
Convirtámoslo en presente,
Hoy será el día y la hora convenida,
Que calle la violencia, que se escuchen las ideas,
Que el corazón y la mente se abracen y dancen al unísono,
En una marcha incesante, un baile perpetuo,
Caminemos el débil con el fuerte,
Seamos llamados felices y pacificadores,
Levantemos al amor en un pendón,
E iniciemos, una revolución en nuestro corazón.

-Alejandro Rivera Delgado.


 


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